EL QUE NO VE (1980)

EL QUE NO VE (1980)

I PARTE
LA RUINA DE LOS DIOSES
LA TUMBA DE CHRISTIAN ROSENKREUTS

Ah, Rosacruz, hermano,
hombre para los bosques,
en pie sobre tu tumba hablo solo, hago gestos
absurdos y grotescos ya no para los hombres
en pie sobre tu tumba, de puntillas,
ah Rosacruz, hermano, estatua para el viento
para el verano pálido en que acechan los Dioses
en matojos de hierba, para el croar de ardillas,
y el ulular de ranas en los ríos en sombra,
cuando los peces pescan obscenos tu corona,
ah Rosacruz, hermano, te he visto en una piedra
te he visto hoy en un pie, ayer en una uña
y tu cabeza cae y rueda entre los hombres
cae y rueda entre los hombres, cae
y rueda, y rueda, rueda
ya menos que paloma, o cadáver, o sombra,
ya una nada en la aurora,
tu cabeza cae en la arena y brilla
mientras rueda, y rebota, corre, rueda
ya la nada por yelmo, la cabeza que rueda
bajo el sol en la hierba, bajo la luna, bajo el agua
y la nieve, tocada
levemente por la mano de la ardilla.
LA TEA HUMANA
Un niño, un padre, estaban ambos,
atizando las llamas en la noche.
Una bruja ardía y recrujía
y a los dos calentaba con su fuego.
En esto el niño al padre le pregunta:
por qué queman a brujas, padrepadre?
Y el padre le responde: no hay
calor en la noche
para que ardan
y velen en la noche por nosotros, hijo.

AMANECER EN LA BIBLÍA (Yeats)

Tiende la mano la mujer sobre
la pálida frente del niño
que nos mira y no llora;
estamos en Bethlem antes del tiempo:
a fuera, llora el puerco.

La noche es tibia como madre o perro.
tiene pelos la noche, y rezuma
su sangre como mosto para el vino
alguien parte los panes la mesa:
afuera, grita y grita el puerco.

Hay sangre en la mesa, y de ese pan
derramado brotan gotas como ojos
que nos miran.
la carne se remueve entre los platos
como abriendo su boca para hablar:
afuera, como un niño,
llora el puerco.

Dos mujeres de pronto en la cocina
se miran y se tocan, y no creen
aún en lo que ven: crepita el fuego mientras
y el reloj lo mismo, y las mujeres
se tocan y se tocan, y se lamen
los ojos para ver: afuera
llora y se lamenta el puerco.
Un tenedor se abre en el dintel
mostrando sus enseñanzas a los hombres:
pasan y pasan combatiendo a boca
se enseñan las manos y los hombros
y señalan al cielo y a la tierra
mientras
en los largos
corredores de la noche, errando
ciego aún, y torpe, entre caídas
y bajo las estrellas, va caminando el puerco.
EL ANTICRISTO
(Sebastián en el sueño)

En el Metro vi a un hombre inmensamente bello
que miraba a los hombres como se mira un pedo
en la calle vi a un hombre atrozmente hermoso
que tenia en la frente la cifra de justicia;
el blanco 5, el blanco número
que dividió a los cielos.
En el espejo oscuro
de un bar donde creían
algunos que vivían, había ya un Despierto
que miraba la escena como si existiera.
II PARTE

UNAS GOTAS DE SEMEN
DIARIO DE UN SEDUCTOR

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no he vivido.
BELLO ES EL INCESTO

Bello es el incesto.
Hay torneo de lanzas, y juegos
y el vino promete su derrame
para alegrar la unión
de los esposos.
Se decapitará a dos niños para saber si es buena
la sangre, y si así augura
una feliz unión para los siglos.
Cándido, hermoso es el incesto.
Madre e hijo se ofrecen sus dos ramos
de lirios blancos y de orquídeas, y en la boca
llevan ya el beso para desposarlo.
Y en la noche
de bodas, invitado
viene también el cielo: lluvia
y truenos
y los rayos, y el mundo entero convertido en lodo
de los esposos.
NECROFILIA (prosa)

El acto de amor es lo más parecido
a un asesinato.
En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar
el alma del que está,
hombre o mujer,
debajo.
Por eso no miramos.
Eyacular es ensuciar el cuerpo
y penetrar es humillar con la
verga la
erección del otro yo.
Borrar o ser borrados, tanto da, pero
en un instante, irse
dejarlo
una vez más
entre tus labios.
ESCRITO SOBRE UN VERSO DE CAVAFIS

No me engaña el espejo:
esa mujer soy yo,
la que el espejo prolonga
y que vierte la copa sobre sí misma
y canta, frente al espejo,
un himno
a una mujer desconocida
y baila, baila desnuda
ante la copa del espejo,
ante la sangre que derraman los ojos
y que es su vestido, su ropa
que no existe, y se deshace
como las hojas en el otoño
del espejo.
LOS AMANTES CIEGOS

Estaban ciegos los amantes,
están solos
mais tombait la beige
daba pena verlos cuando a solas hablaban
de estar juntos, y lloraban,
y adoraban la nada en el altar del amor.
Quand tu seras bien vieille
descubrirás que el tiempo
es única certeza, quema los rostros
y hace cenizas el alma
y que al final tan sólo la ilusión del recuerdo
te dirá que no estuviste, en aquel beso, solo.

* * *

Todas las mujeres que conocí
están desnudas, bajo la lluvia desnudas
poco a poco hundiéndose en el lodo
de la memoria, y cayendo
como pelotas a lo largo
del barranco que mis manos no tocan;
y tienen frío, y lloran, y aúllan en vano
y se tiran de los pelos para sentirse en vano
en el país de los muertos.
Y se quieren con las manos
tapar la desnudez, la inmensa
y sin remedio desnudez.
TROBAR LEU

CANCIÓN

Sólo un hombre errando solo
solo, a solas con Dios
un hombre solo en la calle
errando a solas con Dios.
CANCIÓN (II)

Just a skin boy walking
walking in the street.
Just a skin, less than nothing
walking an everlasting street.

III PARTE

EN AQUELLA ESQUINA, TAN SOLO,
TODAVÍA ME ACORDABA DE JARRY
EL HOMBRE QUE SÓLO COMÍA ZANAHORIAS

El hombre que sólo comía zanahorias
ya no podía no de noche cerrarse los ojos
y eran dos faros abiertos para nada
y no sabía sino mirar, mirar
el hombre que sólo comía zanahorias.
El hombre que sólo comía zanahorias
vagaba por los campos, en lucha con conejos
en pos de sus malditas zanahorias.
El hombre que sólo comía zanahorias
tenía miedo de tanta luz, a tanto
sol que quema, y destapa y desnuda, y acosa
en medio del campo de las zanahorias,
y vivía
pues en madriguera oscura
y breve, saliendo
sólo de vez en cuando para
buscar sus zanahorias.
El hombre que sólo comía zanahorias
era capaz de matar, y de robar, y cuentan
que se deshizo de su mujer
por una zanahoria.
El hombre que sólo comía zanahorias
salía a la tarde, que es la hora de las zanahorias
y de noche, y de día, y al crepúsculo
oía gritar llamándole a las zanahorias.
El hombre que sólo comía zanahorias
Tenía el pelo rojo y largos
colmillos para
partir mejor las zanahorias
y las piernas largas para correr mejor, porque
tenía miedo de los hombres más todavía que del sol
y así era el hombre que sólo comía zanahorias.
IV PARTE
ORINAR SOBRE LA VIDA (LIFE STUDIES)

VASO

Wakefield, quien por una broma
se perdió a sí mismo.

Hablamos por nada, con palabras que caen
y son viejas ya hoy, en la boca que sabe
que no hay nada en los ojos sino algo que cae
flores que se deshacen y pudren en la tumba
y canciones que avanzan por la sombra, tam
baleantes mejor que un borracho
y caen en las aceras con el cráneo partido
y quizá entonces cante y diga algo el cerebro
ni grito ni silencio sino algún canto cierto
y estar aquí los dos, al amparo del Verbo
sin hablar nada ya, con las bocas cosidas
las dos al grito de aquel muerto
mientras caen las estatuas y de aquella iglesias
el revoque es la lluvia fina pero segura
sobre ese suelo inmenso que bendicen cenizas
y caen también la cruces, y los nombres se borran
de amores que decían, y de hombres que no hubo
y de pronto, en el bar, tan solos, sí tan solos,
me asomo al pozo y veo, en la copa un rostro
grotesco de algún monstruo
que ni morir ya quiere, que es una cosa sólo
que se mira y no ve, como un hombre perdido
para siempre al fondo de los hombres
extranjero en el mundo, un extraño en su cuerpo
una interrogación tan sólo que se mira sin duda
con certeza, perdida al fondo de ese vaso.
Quién sabe lo que quiso Chatterton
hacer con su suicidio: qué promesa
a una mujer o qué herida en el viento.
No quebró la realidad, no hundió el cuchillo
en la carne cruel de lo que vive.
Hoy sin él, sin su suicidio, porque es peor la vida
que moja los cadáveres con lágrimas de cieno.
Quién sabe lo que quiso decir Chatterton con su suicidio,
qué palabra decir, qué grito a nadie
qué signo que no fuera barrido por la escoba
anónima del tiempo.
Quién sabe qué nos dijo, qué esperanza tenía,
y si a pesar de todo aún podemos
gracias a él, en los días de lluvia
cuando amenaza la soledad, y acechan
en la sombra los recuerdos,
confiar en el misterio de la muerte.
CATULLI CARMINA
Ves aquel cuerpo absurdo de la tonta suicida?
Caído está en el suelo desde quinta ventana
Misterio ya es su vida, que fue nuestra alegría.
UN ASESINO EN LAS CALLES

No mataré ya más, porque los hombres sólo
son números o letras de mi agenda,
e intervalos sin habla, descarga de los ojos,
de vez en vez, cuando el sepulcro se abre,
perdonando otra vez el pecado de la vida.
No mataré ya más las borrosas figuras
que esclavas de lo absurdo avanzan por la calle
agarradas al tiempo como a oscura certeza
sin salida o respuesta, como para la risa
tan sólo de los dioses, o la lágrima seca
de un sentido que no hay, y de unos ojos muertos
que el desierto atraviesan sin demandar ya nada
sin pedir ya más muertos ni más cruces al cielo
que aquello, oh Dios lo sabe, aquella sangre era
para jugar tan sólo.
EL SUPLICIO

La fiebre se parece a Dios.
La locura: su última oración.
Largo tiempo he bebido de un extraño cáliz
hecho de alcohol y heces
y vi en la marea de la copa los peces
atrozmente blancos del sueño.
Y al levantar la copa, digo
a Dios, te ofrezco este suplicio
y esta hostia nacida de la sangre
que de todos los ojos mana
como ordenándome beber, como ordenándome morir
para que cuando al fin sea nadie
sea igual a Dios.
EL TESORO DE SIERRA MADRE

Quiénes son los hombres que se separan del resto
y andan solos y creen ver en las tinieblas
y se ríen como si supieran, y andan solos
como si supieran, quemando
rostros y con algo de saliva
escondida tristemente en las bolsas.
Aspirando a sí mismos y pisando el rojo
vivo de los labios. Sin mancha,
persiguiendo ciegos la ilusión del espejo.
Dime Luna, quiénes son los que te
adoran y creen, y recorren seguros
la tela araña que nadie, nadie ha tejido
y corren en pos de su imagen, tropezando en el cieno,
acezantes, mordidos en el culo por su sombra
camino al abismo con los ojos vendados
como el FOU de aquel juego
de cartas cuya clave olvidé, oh dime Luna
el nombre secreto de tus fieles, y si saben, si saben
que al llegar por fin no les espera
sino en la muerte su rostro en el espejo.
V PARTE

CONSUMATUM EST
EL BESO DE BUENAS NOCHES

I

Padre, me voy:
voy a jugar en la muerte,
padre, me voy.
Dile adiós a mi madre,
y apaga la luz de mi cuarto:
padre, me voy.

Dile a aquel niño que allá ríe,
no sé de qué, si de la vida,
mi nombre, sólo mi nombre
pon mis juguetes en buen orden
oso con oso, y pon al perro
con el pájaro, en cuanto al pato
déjalo solo, al pato:
padre, me voy: voy a jugar con la muerte.
Había una llama, sí en mis ojos,
porque velaron tantas noches
y no logró nadie cerrarlos
sino yo; perdona, padre, que no hubiera
nadie, sino yo: me voy
me voy solo a jugar con la muerte.

II

Padre, estoy muerto, ya, y qué oscuro
es todo esto:
no hay luna aquí, no hay sol ni tierras,
padre, estoy muerto.
Somos los muertos como enfermos
y el cementerio el hospital
para jugar aquí a los médicos
sábana blanca y bisturí
y tantas tumbas como lechos
para soñar: y son tan blancos esos huesos
padre tan blancos: como soñar.
Dicen los otros, los más muertos
los que ya llevan tiempo y tiempo
aquí vengándose de Dios
que vendrá el Diablo, el buen Diablo
que vendrá el Diablo con más flores
de las que nadie pueda traer.
Padre, estoy muerto, no estoy solo
padre, estoy muerto, tengo amigos
con quien jugar.
III

Madre, esos besos que en la tumba
aún me das
son despertar, son nuevo frío;
estuve vivo, ya lo supe
ahora
déjame olvidar.
IV

Padre, estoy muerto, y es la tumba
una cuna mucho mejor
padre, no hay nadie, ya estoy solo
padre, si alguna vez de nuevo
vuelvo a vosotros, padre si otra
vez yo vivo
no sé con qué voy a soñar.
LA CANCIÓN DEL INDIO CROW

Qué larga es la ribera de la noche,
qué larga es.
No hay animales ya ni estrellas
y el matorral de los recuerdos
la vida es una línea recta,
qué larga es la ribera de la noche
qué larga es.
El mar al lado, tan oscuro
ya ni la luna quiere verme
y allá en el pozo sepultada
la miel aquella de esos labios
que de algo como amor me hablaron,
luego en silencio se quedaron:
qué larga es la ribera en la noche,
qué larga es.
Flotan cabellos en el agua
de una mujer que no existió
y en la cabeza hay unas letras:
la A, la V, más dos Os:
qué larga es la ribera de la noche
qué larga es.
Tal vez sea un oso lo que anda
con una pierna y luego otra,
las huellas son como de oso,
no de yo.
Qué larga es la ribera de la noche,
qué larga es.
No se terminará nunca la playa
con esa sombra que recorre
ese desierto tal un péndulo:
qué larga es la ribera de la noche,
qué larga es.
Cómo saber si ya estoy muerto
o si aún vivo como dicen
si allá en la playa sólo hay playa
atrás, delante sólo hay playa
cómo saber si yo soy indio,
si yo soy Crow o yo soy Cuervo,
si ni la Luna quiere verme
y Padre Sol nunca aparece:
qué larga es la ribera de la noche,
qué larga es.
No es que esté solo, es que no existo
es que no hay nadie en esta playa
y ya ni yo aún me acompaño,
son estos ojos cual dos cuevas
y en mi cabeza sopla el viento:
será la muerte como un vino?
habrá mujeres en la tumba?
Qué larga es la ribera de la noche,
qué larga es.
THE END

He fumado mi vida y del incendio
sorpresivo quedan
en mi memoria las ridículas colillas:
seres que no me vieron, mujeres como vaho,
humo en las bocas, y silencio
por doquier, como un sudario
para lo que no quise ser, y fue
como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
que en la escuela aprendieron el Error.
No había nadie en aquel pozo, estaba
vacía la cárcel, pienso cuando
abriendo al fin la puerta, y descorriendo
por fin el cerrojo que me unía
inútilmente a las águilas, y me hacía
amar las islas y adorar la nada, des
descubro
banal, y sonriéndome, la luz.
MUTIS

Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra de las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: “hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve”.
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.

ABANDONO

Fui a cagar en tu cuerpo,
por verlo tan desnudo.
Hoy
es tu alma un despojo, una cosa sabida
y el cenicero habla tan sólo por los dos.
He sorbido tu espíritu y de él nada queda: tu rostro
se parece hoy a nadie, a una persona
de ésas sin alma y rostro que vemos por la calle
cruzando nuestra vida para morir tan sólo.

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Una respuesta a EL QUE NO VE (1980)

  1. Estimados amigos.

    Soy Adolfo García, editor del sello ‘el ángel caído’.

    Antes que nada, quiero felicitarles por la página, que me parece muy interesante y fundamental para contribuir al conocimiento de la obra de Leopoldo María Panero.

    La editorial ‘el ángel caído’ ostenta en la actualidad los derechos sobre distintas obras de Leopoldo María Panero, entre las que se encuentran: ‘El último hombre’, ‘Dioscuros’, ‘El que no ve’, ‘Piedra negra o del temblar’, ‘Contra España y otros poemas no de amor’, ‘Esphera’, ‘Tango’, y ‘Estantigua’, publicados y a la venta en librerías.

    Es por eso que les pedimos que en las publicaciones de textos de esas obras añadan alguna referencia a las ediciones de nuestra editorial (mención, foto, enlace, etc.) de modo que ambos nos beneficiemos de la colaboración del otro.

    Les reiteramos nuestra felicitación y les animamos a continuar con la difusión de la obra de Leopoldo María Panero.

    Un saludo

    Adolfo García
    ‘el ángel caído’

    https://www.facebook.com/pages/Leopoldo-Mar%C3%ADa-Panero-el-%C3%A1ngel-ca%C3%ADdo/587239614698513

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